En el video que se muestra a continuación, César Palmieri comparte su experiencia como entrenador de fútbol y cómo, a través de su proyecto «Los valores del fútbol», encontró la posibilidad de educar a los niños no solo en lo físico, sino también en valores como la paz, la convivencia y el respeto, implicando a la familia, al club y a toda la sociedad.
Mes: mayo 2025
El fútbol: Más que un deporte.
Desde pequeño, el fútbol ha sido mucho más que un hobby para mí. Ha sido mi primera escuela de valores, donde aprendí lecciones que van mucho más allá de marcar goles o realizar pases precisos.
Trabajo en equipo y liderazgo
El fútbol me enseñó que el éxito individual no existe sin el colectivo. En mis años jugando, aprendí que liderar no significa ser el que más grita, sino el que mejor escucha y coordina al equipo. Esta experiencia me ha servido enormemente en mis estudios, donde los proyectos grupales requieren la misma coordinación y comunicación que una jugada de fútbol bien ejecutada.
Gestión de la frustración
Las derrotas en el fútbol me enseñaron a manejar la frustración de manera constructiva. Perder un partido importante duele, pero también te obliga a analizar qué salió mal y cómo mejorar. Esta capacidad de convertir la frustración en motivación para la mejora es algo que aplico constantemente en mi formación académica y en un futuro en mi trabajo.
El fútbol no solo me enseñó a jugar; me enseñó a vivir con valores sólidos que guían mi crecimiento personal y profesional.
Tenis: La dureza del deporte individual
He practicado tenis esporádicamente, pero las pocas veces que lo he practicado me han bastado para entender por qué es considerado uno de los deportes más exigentes mentalmente.
¿Por qué el tenis es tan duro?
La soledad en la pista es brutal. Cuando fallas un punto, no puedes culpar a nadie más. No hay compañeros que te cubran o te animen desde el campo. Estás tú, tu raqueta y tu cabeza.
Esta lista enumera algunos aspectos que me impactaron de este deporte:
- Concentración extrema: Un despiste de 2 segundos puede costarte el set
- Resistencia mental: Los partidos pueden durar horas sin grandes descansos
- Autocontrol: Explotar emocionalmente te perjudica inmediatamente en el partido
- Gestión de la presión: Cada punto cuenta, especialmente en momentos clave
Lecciones que me llevo del tenis
Aunque no sea mi deporte principal, el tenis me enseñó la importancia de la preparación mental. En mis estudios, cuando me enfrento a exámenes individuales o defensas de trabajos, aplico esa misma mentalidad: prepararme bien y confiar en mi capacidad para resolver problemas bajo presión.
El tenis también me mostró que el perfeccionismo puede ser a veces contraproducente. Intentar el golpe perfecto a veces te hace fallar el golpe básico.
A continuación enlazo un artículo de la Clínica Universidad los Andes en la que se habla de los beneficios que aporta el tenis en la salud física y mental.
Pádel: El deporte que acaparó mi tiempo libre
El pádel llegó a mi vida casi por casualidad. Un amigo me invitó a probarlo y lo que empezó como una actividad de fin de semana terminó convirtiéndome en un aficionado más de este apasionante deporte, como a muchos otros que he practicado a lo largo de mi vida
El pádel es, a mi parecer, el deporte que más engancha. Resulta accesible para casi todas las personas aunque nunca hayas jugado a deportes de raqueta. A diferencia del tenis, donde tardas meses en sentirte cómodo, con el pádel disfrutas desde el minuto uno. Las paredes son tus aliadas cuando cometes errores, dándote segundas oportunidades que hacen el juego más fluido y divertido. Por esta razón es el deporte que más ha crecido en los últimos años.
De la pista a la pantalla
Para entender cómo ha evolucionado este deporte y lo que representa para diferentes generaciones, os recomiendo ver esta fascinante conversación entre Fernando Belasteguín y Arturo Coello, dos figuras del pádel profesional que representan diferentes épocas:
Natación: Las primeras lecciones de constancia
Aprendí a nadar antes de cumplir los seis años. Mis padres me apuntaron a clases porque era un niño muy enérgico y necesitaba cansar esa energía de alguna manera. No imaginaba entonces que esas horas en la piscina me enseñarían algunas de las lecciones más importantes de mi vida.
La natación me enseñó que no hay atajos. Recuerdo la frustración de intentar bajar mis tiempos, pasaba semanas sin mejorar ni un segundo pero seguía entrenando porque sabía que el progreso llegaría. Esa paciencia me ha salvado muchas veces cuando el código no funciona o cuando me cuesta entender algo en clase.
Lo más valioso fue aprender a confiar en mí mismo. En el agua estás solo y no puedes depender de nadie más para llegar al otro lado de la piscina. Esta autonomía que desarrollé de niño me ha hecho más independiente a día de hoy.
Aunque no compito, sigo nadando ocasionalmente. Cada vez que entro al agua recuerdo a ese niño de seis años que aprendió que la constancia y el esfuerzo personal son la base de cualquier logro.
Surf: Cuando el mar te enseña respeto
Cada verano en Gijón era sinónimo de levantarme al amanecer para coger las primeras olas. Durante varios años de mi adolescencia, dediqué mañanas y tardes completas al surf, convirtiéndose en mucho más que una afición veraniega.
El mar me enseñó humildad de la forma más directa posible. No puedes negociar con una ola de tres metros, no puedes forzar al océano a darte las condiciones perfectas. Aprendí a esperar, a observar y a respetar los tiempos de la naturaleza.
En Gijón el agua está fría incluso en verano, pero eso no detiene a un amante de este deporte. Esas mañanas de madrugada, esperando que subiera la marea, me enseñaron que las mejores cosas requieren sacrificio. La sensación de coger esa ola perfecta después de horas no tiene precio.
El surf me hizo consciente del impacto ambiental de mis acciones. Ver plásticos flotando donde surfeas te sensibiliza inmediatamente. Comencé a participar en limpiezas de playa y a cambiar hábitos cotidianos. Es imposible amar el mar y no querer protegerlo.
Ahora, cuando visito Gijón, sigo sintiendo esa conexión especial con el mar. El surf me enseñó que algunas de las mejores lecciones de vida vienen de respetar fuerzas que son mucho más grandes que nosotros.
Balonmano: Valores de respeto y trabajo en equipo
El balonmano me marcó profundamente durante mis años de instituto. Más que un deporte, fue donde aprendí qué significaba realmente trabajar en equipo y respetar a los demás.
Lo que más me impactó fue la cultura del respeto. En balonmano no se discute con el árbitro, punto. Esta regla no escrita me enseñó a aceptar decisiones aunque no me gustaran, algo que me ha servido mucho en el ámbito académico cuando recibo feedback de profesores.
La cooperación aquí es diferente a otros deportes. En balonmano todos atacan y todos defienden constantemente. No hay individualidades; o funciona el grupo o no funciona nada. Recuerdo partidos donde ganamos solo porque nos comunicamos mejor que el rival, no porque fuéramos técnicamente superiores.
Este deporte también me enseñó a gestionar conflictos rápidamente. Cuando las cosas se calientan en la pista, tienes que mantener la cabeza fría y seguir colaborando con tu equipo. Es una habilidad que uso constantemente en proyectos grupales de la universidad.
El balonmano me convirtió en alguien más colaborativo y respetuoso. Los valores que aprendí en esas canchas los llevo conmigo en cada proyecto.